Yoga, Movilidad y Coherencia

Llevaba tiempo pensando en hablar de este tema, pero es largo y da para mucho. Así que igual tiene una continuación, pero de momento vamos a ello.

Quiero hablarte de la coherencia en general, pero muy en especial en el mundo del yoga.

Desde hace un tiempo, cada vez hay más gente hablando de movilidad en el yoga y tocando ciertos tabúes que antes nadie se atrevía a mencionar.

Recuerdo cuando hace años yo hablaba de biomecánica y movilidad y la gente me miraba con cara de no entender nada: “bio ¿qué?” o directamente me decían que lo que yo hacía no era yoga.

Así que, para mí, ver que por fin está habiendo una mini revolución en el mundo del yoga, que hay personas que se preocupan por aprender e ir más allá de esas 200 ó 500 horas de formación, es una gran alegría.

Y me daba esperanza de que por fin, las cosas fuesen a cambiar.

Que se dejase de dar importancia a posturas imposibles, de flexibilidad de bailarín o sólo accesibles a unos pocos.

Que se empezasen a cuestionar ciertas cosas y dogmas, pensar por uno mismo y no repetir lo que te han dicho que es así como si estuviese escrito en piedra sin cuestionarlo.

Y por favor, que se dejasen de hacer ajustes lesivos que además nadie ha pedido.

Pero creo que se está repitiendo la historia, sólo que con un truco nuevo.

Me acuerdo de la primera vez que ví en un centro comercial un maniquí haciendo una postura de yoga y me dí cuenta de que ya se había convertido en un producto más que vender, que si hacías esa postura o aquella te daba como cierto estatus.

Pertenecías al grupo de yogis, casi como si fueses del grupo de animadoras al estilo de una película americana de instituto.

Eso es normal, todos queremos pertenecer a un grupo. El ser humano es un ser social y el anhelo de pertenencia está metido en nuestro ADN.

Los yogis eran una tribu nueva, que se exhibía en Instagram haciendo pinos en bañador o llevándose la pierna detrás de la cabeza, para luego decir: “Yoga para todos”. ¿¿¿En serio???

La coherencia brillaba (y sigue brillando) por su ausencia.

Si bien el concepto de yoga como tal (o al menos como yo lo entiendo), como camino de autoconocimiento y desarrollo personal, sí es para todo el que quiera adentrarse en sí mismo; las posturas de yoga no lo son (y menos las avanzadas).

De hecho, algunas no son para nadie porque directamente son lesivas y no respetan la estructura y el movimiento básico del ser humano.

Aunque reconozco que hay algo en ver esas posturas y por eso nos atraen. Hay algo en la flexibilidad y fuerza de un bailarín que llama al ojo humano. Hay belleza.

Pero belleza para disfrutar y admirar al que lleva años preparándose para hacer eso.

No para que el primer día en una clase de yoga te pongan con todo el peso de tu cuerpo en la cabeza.

Y de repente, empieza esa mini revolución.

Cada vez más profesores de yoga hablan de movilidad. Se dan cuenta de lo absurdo de ciertas posturas o cosas que rodean al yoga (en muchos casos aprendido a la fuerza a base de lesiones) y aparece esa esperanza de cambio y coherencia.

De que por fin se entienda que, aunque el yoga no sea sólo eso, si vas a ser profesor, vas a mover a personas. Vas a pedirles que usen su cuerpo y que hagan movimientos. Y para eso el primero que tiene que saber lo que está haciendo eres tú.

El profesor es quien debe tener esa coherencia de estudiar, no sólo anatomía, sino biomecánica, fisiología y básicamente saber cómo se mueve el cuerpo y qué necesita.

Y eso no te lo dan las 200 horas del curso actual que es lo único que estudia mucha gente antes de atreverse a guiar una clase. Tampoco te lo dan 500 horas de ese mismo curso, por mucho que «esté avalado» por Yoga Alliance.

Las formaciones de yoga actuales es otro melón que no abriré del todo hoy, pero sí tengo que hacer un inciso.

La Yoga Alliance que aquí se nombra como si fuese un dios, es un organismo totalmente desprestigiado que lo único que hace es darte un sello a cambio de que la escuela o el profesor le pague una cantidad anual.

Respecto al programa de formación no revisa ni avala nada, sólo indica el número de horas que deben dedicarse a cada tema (filosofía del yoga, historia, pedagogía y anatomía) sin comprobar si realmente se da ese número de horas ni cuál es el contenido real.

Pagas para hacerte socio y te dan el sello, ya está.

Y ni entro en que el número de horas que piden para anatomía sólo son 35 horas (hace un par de años ni eso, sólo eran 20 horas). Tal como lo lees. 35 horas de 500. No digo más.

Durante un año, lleve la relación con Yoga Alliance de una escuela, así que sé de lo que hablo. Aunque en el fondo es una información pública en su web, así que todo el mundo con un poco de curiosidad puede ver lo que se exige para la titulación.

Esto un alumno o quien va a una clase de yoga no lo sabe. Se fía de ese título de 200 ó 500 horas, porque la Yoga Alliance lo avala y suena bien. Será que esa persona sabe.

Pero el profesor que se ha formado sí sabe lo que ha estudiado y lo que no.

Sabes que si has tenido 30 horas de anatomía (y con suerte ha sido con un buen profesor) no es suficiente. Que lo único que sabes es repetir lo que te han dicho o lo que dice el libro de posturas, aunque lo hagas con toda tu buena intención.

Que esta postura se hace así, porque así viene en el libro y punto. ¿Si le duele al alumno? «Eso es porque no estás acostumbrado, sigue». «O porque necesitas traspasar el dolor». «O porque el dolor es bueno, te transforma».

Esto que suena a broma, son frases reales que se dicen, se enseñan y se repiten.

Por favor, coherencia y responsabilidad. Si vas a mover a personas, estudia cómo se mueve el cuerpo humano.

Así de simple. Seamos coherentes.

Y de nuevo, aparece esa mini revolución. Hay profesores que se preocupan y se forman más, que estudian cómo se mueve el cuerpo y empiezan a hablar de ello en redes.

Vuelve la esperanza. Pero no. Porque parece que volvemos al mismo patrón. Ahora el nuevo truco de movilidad que has aprendido es el antiguo pino en bañador.

Donde sí, ahora sabes más y defiendes la movilidad, pero sigues diciendo que es para todos mientras te llevas la pierna detrás de la cabeza.

Habiendo trabajado la movilidad antes, sí. Pero sigue siendo lo mismo. Posturas avanzadas sin sentido. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo?

O hablas de la movilidad, de lo nuevo que has aprendido, pero luego celebras el solsticio con 108 saludos al sol seguidos porque sí. Es la tradición ¿no?

Incoherencia tras incoherencia.

Con esto no quiero decir que haya que hacer todo perfecto o que uno no se pueda equivocar, ni mucho menos.

Una de mis frases preferidas en inglés es: “When you know better, you do better”.

Algo así, como que cuando sabes hacerlo mejor (cuando aprendes), lo harás mejor (cambiarás y avanzarás). Porque obviamente nadie puede hacer algo o cambiar, si no sabe en qué punto está o si no conoce otra manera diferente de hacerlo.

Muchas veces estás metido en un entorno donde no ves más allá. Si tú alrededor te reafirma en lo que tú piensas y no hay conciencia de algo más, o no pruebas algo diferente, siempre pensarás que esa es la única opción válida.

Además, normalmente los errores son la única manera de aprender.

Pero sí es necesaria coherencia y responsabilidad. Por parte de todos, pero especialmente de los profesores de yoga, movilidad o como quieras llamarlo.

Que si vas a ponerte a mover personas, tienes que haber estudiado a fondo el cuerpo humano y su movimiento.

Que si no sabemos algo, tengamos la humildad y coherencia de decir “no lo sé” y entonces ponernos a investigar y a aprender.

Que dejemos de hacer las cosas porque sí, porque siempre se han hecho así.

Que no haya una nueva tribu de yogis de posturas perfectas, sólo que ahora es de movilidad.

Que los profesores no dejemos nunca de ser estudiantes.

Que no olvidemos que, aunque trabajamos a través del cuerpo, somos un todo y también estamos moviendo emociones.

Que no perdamos la perspectiva global del ser humano.

Que ahora más que nunca, volvamos al yoga de verdad, al camino de autoconocimiento donde cada uno inicie su viaje hacia su proceso personal.

Puede ser más difícil y más largo, pero es lo único que merece la pena.

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