La importancia de tener una cita con uno mismo

Hay veces que las circunstancias hacen que nos olvidemos un poco de nosotros. Quizá hay asuntos familiares que tienes que atender, apoyar a tu pareja en sus proyectos, ayudar a un amigo que no lo está pasando bien, una situación laboral complicada, etc. Y luego llegas a casa, y aún tienes más cosas que hacer: limpieza, comida, compra, lavadoras, y demás tareas domésticas.

Muchas de estas cosas las hacemos por gusto o porque queremos. Claro que queremos estar con nuestra familia, o apoyar a nuestra pareja y nuestros amigos. Y por supuesto nos gusta tener la casa y la ropa limpia, y algo que comer en la nevera.

Pero aunque sean cosas que queremos hacer, tienen algo en común: el centro o lo importante es otra persona o son “obligaciones”.

Cuando se da alguna de estas situaciones o varias a la vez, podemos vernos sobrepasados y entrar en un bucle en el que nos olvidamos de nosotros mismos y nos perdemos. Hasta que llega un día en el que parece que todo se derrumba, y de repente no sabes ni lo que te apetece hacer. De tanto atender las necesidades de los demás, ya no distingues las tuyas. Cuando siempre hay algo más importante que tú mismo, los contornos de quien eres se difuminan. Te pierdes en las necesidades de los demás y en las obligaciones que tienes que cumplir.

Normalmente nos enseñan que pensar en uno mismo es egoísta, y que ser egoísta es malo. Esa mal llamada generosidad que en esta sociedad nos han ido colando casi sin enterarnos, donde las necesidades de otro siempre son más importantes que las propias.

Esta es una de las creencias más dañinas que existen. Porque ¿cómo vas a ayudar a otro si no te ayudas a ti mismo antes? ¿Cómo vas a querer bien a otra persona, si no te quieres antes a ti? Escuchar y atender las necesidades de uno mismo es la mayor generosidad que podemos tener con los demás, de la que parte todo lo demás. Porque si estás bien contigo, estarás bien con los demás. Si te quieres, te cuidas y te ayudas a ti, podrás hacer lo mismo con los demás.

Y todo esto me lleva a la importancia de dedicarse momentos a uno mismo, para escucharse y no perderse en la vorágine de obligaciones y necesidades ajenas.

Siempre va a haber situaciones como las que enumeraba al principio que nos va a tocar vivir, bien porque queremos o porque sucede así. Y está bien, siempre que no nos olvidemos de nosotros. Que busquemos un rato para dedicarnos a nosotros, escucharnos y hacer lo que nos apetezca. Lo que sea, pero que nos mantenga en conexión con quienes somos.

Quizá simplemente sea irte a un café o a un parque con ese libro que llevas tiempo queriendo leer. O hacer tu práctica de yoga. Darte un masaje. Pasear. Escribir. Ir a un museo, un concierto o echarte la siesta. Lo que sea, pero hazlo. Ten una cita contigo mismo, escúchate y haz lo que tu cuerpo te pida. Deja que tu corazón te guíe y tus pies te lleven.

Es el mejor regalo que puedes hacerte a ti mismo, y a los demás.