La flexibilidad está sobrevalorada

Puede que al leer este título, hayas pensado una de estas dos cosas: “Ya claro, dices eso porque tú eres flexible” o “bueno, dices eso porque no eres flexible y te da envidia quien sí lo es”.

Es curioso como funciona la mente. Tenemos tan asociado el yoga con ser flexible que de manera automática pensamos que la flexibilidad es la meta deseada a alcanzar, y que si alguien dice lo contrario es porque, o bien la tiene, o carece de ella.

No puedo ni contar las veces que alguien me ha dicho que no prueba el yoga porque no es flexible, o gente que me pregunta por las clases y lo primero que me dice antes de nada es “yo no soy flexible”.

Y la verdad es que estoy un poco harta de esa percepción de que la flexibilidad es lo importante.

Así que hoy quiero contarte que para mí no es así. Lo que quiero tanto para mí como para mis alumnos es movilidad, que seamos capaces de mover el cuerpo en todas sus maneras y direcciones sin dolor.

Ser capaz de moverme sobre la esterilla, pero sobre todo fuera de ella: andar, bailar, girar, subir y bajar escaleras, correr hacia el mar cuando viene una ola y dar vueltas de alegría cuando sale el sol. Agacharme para coger algo que se me ha caído, jugar con mis sobrinos, arrastrarme por el suelo y seguirles el ritmo haciendo lo que hacen ellos.

En definitiva, quiero que mi práctica sobre la esterilla me aporte movilidad y libertad para luego poder moverme y hacer lo que quiera fuera de ella. Recuperar el movimiento natural del cuerpo que hemos perdido con nuestro estilo de vida moderno.

Al final, creo que eso es lo que queremos todos: movernos y sentirnos bien, no sólo ahora, sino también a largo plazo. Y eso se consigue con la movilidad, no con la flexibilidad.

Yo veo la movilidad como la hija fruto de la unión entre la flexibilidad y la fuerza. Es el resultado de trabajar ambas, el equilibrio amoroso entre las dos.

Si sólo trabajamos la flexibilidad, con el tiempo nos llevará a lesiones por falta de estabilidad, a que nuestras articulaciones se vuelvan débiles y que no tengamos control sobre ciertos movimientos debido a tejidos “dados de sí” por llevarlos a rangos de movimiento extremos.

Por otro lado, si sólo trabajamos la fuerza, con el tiempo nuestro cuerpo se volverá rígido y las articulaciones no tendrán mucho rango de movimiento, ya que los tejidos se han acostumbrado a trabajar sólo en un tipo de contracción.

Trabajando sólo la flexibilidad lo único que conseguimos es ampliar rango de movimiento, pero sin control.

En cambio, cuando cambiamos nuestro enfoque y trabajamos hacia la movilidad, lo que conseguimos es ampliar nuestros rangos de movimiento (flexibilidad) de manera sana y equilibrada, ganamos fuerza, estabilidad, coordinación y equilibrio.

Una musculatura sana es aquella que es capaz de activarse y relajarse; contraerse, estirarse y volver a su estado natural. Una articulación sana es capaz de moverse en todo su rango de movimiento sin dolor a la vez que es completamente estable.

La magia ocurre cuando exploramos el movimiento de nuestro cuerpo, empezamos a conocerle y a saber donde están sus límites, para poco a poco ir trabajando sobre ese límite, jugando con él con suavidad y así poder expandirlo de manera sana y eficaz.

Ahí es donde está la clave, en ese punto en el que encuentras tu límite y no lo fuerzas, sino que lo exploras con respeto y trabajas para expandirlo poco a poco con amor.

Ahí es donde se abre un mundo de posibilidades ante ti. Donde tienes la oportunidad de conocerte, quererte y aceptarte tal como estás en ese momento. Y ahí es donde ocurre la verdadera magia.